Se perdieron sus sonrisas
Se querían. Pero la angustia de los pequeños detalles absurdos era la que más les impedía respirar. Detalles que eran gigantes pisando sobre sus pechos. Y si conseguían gritar, tan pequeño era su espacio vital que el mismo eco les devolvía el golpe, haciéndoles sangrar los oidos.
Era un mundo demasiado diminuto para los dos, donde sobraba todo lo demás, hasta que hizo tanta falta que empezaron a perderse ellos; empezaron a faltar sus miradas encaminadas a un horizonte más ancho; empezaron a faltar sus te quieros cuando eran muy a menudo; empezaron a faltar las sonrisas que tumbaron gigantes.
El problema de las cosas pequeñas es que se pierden y no te das cuenta hasta que no puedes sonreir porque te falta la sonrisa; te falta el beso; la caricia; la mirada... que se escurren de los bolsillos de un amor agujereado.
Cuando no podían gritar, las lágrimas de los dos las lloraba ella; temía y él se hacía fuerte; clavaba en su corazón las agujas con las que él cosía su disfraz. Él siempre dijo que no la necesitaba, pero ambos sabían que sin ella era débil, era frágil, sucio, cobarde... Él miraba su miedo, miraba su frío, sus ruegos... sabía que temblar a su lado significaría admitir que no era capaz de tumbar gigantes si ella no le hacía ver que podía.
Se querían. A pesar de eso se querían. Pero perdieron sus sonrisas, y no se acordaron de mirar en el espejo

Francisca Rivera Pardo dijo
Retrato de la incomunicaciòn. Me parece un relato muy original, creativo y filosòfico. Buen final.
Francisca Rivera Pardo
24 Julio 2009 | 04:10 AM